PERSONAJES QUE ROCKEAN

Erre! presenta: Favio Posca

.doc: Ariel Echecury
.jpg: Gustavo Villordo

Me crié en la época de la represión y en el colegio lo que más molestaba era alguien que hiciera reír a la gente. En primer año me la pasaba imitando a los profesores, hacía caras, tratando un poco de deformar toda esa seriedad y así es que me terminaban echando de todos lados.

La escena es en un teatro de butacas llenas, poblado por grupos de chicos y chicas, jóvenes y no tanto, que ríen con ganas a la par del ida y vuelta de un solo tipo que escupe monólogos a rolete. Favio Posca se pone en la piel de El Perro, un personaje con aires de pendenciero de cuarta, adicto y extraña subespecie de la calle porteña. Una caricatura que le sirvió al actor para alcanzar vuelo mediático con apariciones –en versión ATP, por supuesto– en el prime time de la tele. La boca de Posca, en razón de sus criaturas, es una maraña de historias que abundan en los más sucio; repleta de vulgaridades y situaciones de contenido explícito que por y pese a ello hacen mucha gracia.
La noche recién arranca, no pasó más de un cuarto de hora que en medio del revoleo de palabras, el artista se trenza en un duro intercambio con una pareja de edad avanzada –para no ser irrespetuoso, ¿vio?– de la primera fila. En una vuelta casi sacada del mismo speech de El Perro, señor y señora son invitados gentilmente a abandonar el lugar, previo reintegro del valor de la entrada. Situación irregular que devino en un murmullo incómodo y general. “En verdad siempre contrato a un par de viejos para echarlos”, dice en sorna Posca; segundos afuera y en charla con Erre! a la salida de los camerinos del Auditorio Fundación. El cómico se presta al diálogo, distendido, con la buena onda que siempre transmite pero con unas ganas lógicas de subirse a su Mini Cooper y rajar con rumbo desconocido.
“La música siempre me acompañó desde que nací, después se transformó en rock porque existe la palabra, pero es música”, cuenta a modo de definición de principios, alguien que conoce muy bien el palo y que además lleva adelante “He perdido mi malla en la ciudad”, los sábados a la tarde por la Rock & Pop. Es así que, y de manera inconsciente, sus espectáculos siempre conservan esa impronta, marcada por una combinación especial entre el gusto del artista y la obra. “Los quiero muchisssimo”, el show con el que actualmente recorre el país, es el que mejor reúne la esencia rockera de Posca. En más de dos horas de monólogos, separados por la entrada y salida sin solución de continuidad de sus personajes en escena, interpreta tres de las catorce canciones del show, las que canta íntegramente con su voz y hasta incluso graba el platillo, la guitarra y el bajo.
“Yo me crié en la época de la represión y en el colegio lo que más molestaba era alguien que hiciera reír a la gente. En primer año me la pasaba imitando a los profesores, hacía caras, tratando un poco de deformar toda esa seriedad y así es que me terminaban echando de todos lados por eso, por hacer reír. En un punto, los dos viejitos que se fueron hoy ofuscados podrían haber sido maestros de escuela”, reflexiona el actor barra cantante acerca de tiempos mucho más difíciles a los de ahora que, sin embargo, hicieron las veces de escenario involuntario de sus comienzos.

Ser o no ser… rockero
En los últimos años la movida del rock pegó un estirón de popularidad que llevó al circuito a chocar de frente con los primeros planos como nunca antes había pasado. Es que por más polémico o contradictorio que suene, difícil es negar que hoy por hoy ser rockero está –por así decirlo– de moda. “Seguramente hay muchas bandas que se llenan la boca diciendo ‘Soy un rocker’ pero igual todo pasa y lo bueno es que como yo nunca estuve de moda, no tengo ningún peligro de dejar de estarlo”, piensa en voz alta un Posca que ya intenta ponerse serio. “Tengo un estilo propio y, al tenerlo, voy paralelo a las tendencias”, traduce, quien se sabe dueño de buen gusto para vestirse y elegir la música. “Yo mismo defino qué bandas producir y cuáles tocan en mi show”.
Sus influencias en la música hay que rastrearlas geográficamente. “Nací en Mar del Plata, pero viví mi adolescencia en Córdoba. Vi lo mejor de La Falda Rock, a los 14 años, cuando venía todo el nuevo hippiesmo, el post Almendra, plena época de Serú Giran. Y todo el hippiesmo se juntaba para ver la reunión de estos grupos y en esa movida estaba yo. Por suerte viví todo ese rock nuevo, nacional, que era re grosso y que recién aparecía”, recuerda sobre los primeros sonidos de su vida.
En el tracklisting hay colaboración de Los Dulces, Fantamasgoria y Los Látigos, todas bandas emergentes, protagonistas de la escena under porteña. Sin embargo, en la obra pasan cosas. “Hay influencia de Los Redondos de Ricota y en realidad a mí no me gustan para nada. Lo que sucede es que en este caso El Perro empezó a componer desde ese lugar, pero antes canta un country y entonces, ¿cómo explicás eso? Sí, de eso se trata el estilo Posca. Ni redondo, ni tampoco lo contrario”, se esfuerza en dejar en claro su idea de espectáculo.
En este último unipersonal, Posca dirige, guiona, compone y da vida a historias en las que predominan un puñado de temas de manera exclusiva: la droga, el sexo y la urbanidad. La novedad más importante que incorpora es la figura de Pitito; un adicto a los psicofármacos, hiperactivo, repleto de tics obsesivos y con muchos latiguillos a mano del espectador. Tal es así, que se lo puede enganchar en la tele, en horario central y en el living de Susana, donde charla con la rubia así como lo hace la Mamá Cora de Antonio Gasalla. De ahí que después nuestros padres o abuelos vayan a la sala y salgan corriendo o espantados; como los señores del comienzo de esta crónica. En el teatro es un Posca sin cortes, y en la pantalla uno mucho más suave y edulcorado. En fin, lo bueno es que cada uno elige y de todas formas se gana.

 

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