Megainforme Punk
Nota de tapa
.doc: Ariel Echecury.
.colaboración especial: Facundo Lencinas
.jpg: Archivo RosarioRock.com

 

¿Qué es el punk?, no es una pregunta ni un tema que se intente, en vano, abordar en estas líneas. Este informe no pretende bajar una lectura pedagógica ni trata de dar con cierta esencia u origen por “revelar”. Sin embargo, el punto de partida es claro. El punk rock, como respuesta a una realidad en la cual sólo había espacio para músicos virtuosos y estrellas de rock inalcanzables, acercó el rock a la gente común. Así las cosas y a pesar de lo mucho que se diga al respecto, el punk rock representó una verdadera revolución, el último gran estallido cultural de nuestra era.

Sabida es la cuestión y muchas son las historias que sirven para recrear el surgimiento del fenómeno. Conocemos el recorrido, génesis y desarrollo de un movimiento que le dio de a patadas a todo lo que tuvo a su paso; un mojón de suciedad que invadió Europa y sorprendió primero en Estados Unidos. Infinitas crónicas han, aunque más no sea rozado el tema, mucho se dicho, hecho y vuelto a contar. Aquí en Argentina el acercamiento se dio de manera social, y los discos de las bandas pioneras llegaban a través de un amigo, de un amigo o conocido que con suerte tenía consigo algo de música proveniente del exterior. En Rosario la cosa no fue muy distinta, pero cada sitio, cada sociedad, tiene sus propias características y particularidades, todas ellas las cuales hablan de la conducta de aquel entonces y señalan también el actual presente cultural de una comunidad.

 

Éramos tan punks…

Aún en dictadura, la movida punk en Rosario empezó a gestarse sin más recurso que las ganas de un puñado de pibes y mucha, pero mucha, casualidad. Estar en el momento y lugar indicado resultó de capital importancia a la hora de pensar en quienes fueran los protagonistas de la historia. “Por las circunstancias o por necesidad me encontré con este estilo, no fue por una cuestión musical. Un amigo vino un día y me hizo escuchar a los Clash y me parecieron horribles. Y yo, la verdad que escuché cualquier cosa en mi vida”, dice Diego Casanova, actual cantante de Rosario Smowing -una orquesta que mezcla desde swing hasta el bolero- y viejo punk de principios de los ‘80.
En la misma sintonía, arrancó David Balbina, en febrero del ‘84, con 17 años y un grupo de amigos de la zona sur, que formó cuando no sabía “ni tocar un instrumento”. Aunque parezca un lugar común, sabido es que el contacto con aquellos sonidos comenzaba –casi siempre– por la “herencia” de un hermano mayor cargado de discos de afuera. En el medio de estos dos personajes, se cruza Eskoria, quizás la banda pionera del punk rock de esta zona del Paraná, tan cerca y tan lejos de la Capital. Nacida en barrio “La Guardia”, al sur de Rosario, poco se sabe de ellos. “No duraron mucho tiempo, nosotros vivíamos en un barrio cercano, a 20 cuadras, en ‘Las Delicias’, pero ni nos conocíamos hasta que empezamos a hacer recitales”, cuenta David, cantante de Argies, único miembro original y sobreviviente.
Los primeros recitales de punk se realizaban de forma esporádica y en ellos era común ver mezclado todo tipo de público, desde marginales hasta gente que estaba de paso en la ciudad. Poco se sabía del género y menos se sabía acerca de la idea misma de “salir a tocar”. No había lugares y ni existía escena rockera. En esa época “El murciélago paranoico”, bar ubicado en la esquina de Dorrego y  3 de febrero, fue parada y escenario de aquellos “shows” iniciales a mediados de los años ‘80. “Rejunte de travestis, prostitutas, drogadictos y malos. Duró dos meses”, describe Diego Casanova, quien recuerda que al lugar iban por lo general no más de 50 personas pero que en algunas ocasiones llegó a albergar a casi 200. “Nos iba a ver gente, sí, pero más como rareza que por otra cosa”, relata quien formara Descontrol, primero, Celda 14 después y El capitán Casanova y los resultados de los experimentos del Dr. Menguele, “que ya era post punk”, aclara.
El primer hito fue en 1985, cuando se organizó el llamado “Festi punk – La insurrección de las ratas” en la sala Discepolín, de calle Sarmiento al 500. En esa fecha tocó Todos Tus Muertos, que recién empezaba su carrera, junto con Celda 14 (Casanova), Eskoria, Argies y Demasiado tarde, entre otras. “Fue bárbaro porque apareció gente de todos lados y nos dimos cuenta de que ni nosotros sabíamos lo que estábamos haciendo”, recuerda David Balbina a la distancia. “Hubo un striptease de travestis y unos mimos haciendo su show, era raro, como una melange de varias cosas”, aporta a la memoria Casanova, quien fue el responsable de armar el festival. “El llevarlo adelante era una necesidad. Teníamos un fiat 600 entonces los fuimos a buscar a ‘los Muertos’ (TTM) que venían en tren; unos nos vinimos en bombi con ellos y otros en el coche con los instrumentos”, cuenta.
Los primeros años de la democracia coinciden, de manera lógica, con el principio del punk como tal en nuestras tierras; tiempos donde todo estaba en ciernes y por hacerse. No se sabía a ciencia cierta de qué se trataba el punk y, con lo desconocido como denominador común, se experimentaba, sin manuales ni mucho menos referentes. “Era como que la dictadura había tenido un caballo atado y cuando se soltó nos desbocamos todos”, explica el otrora líder de Celda 14, y rememora algo en lo que en ese momento creía: la muerte joven. “Realmente jugábamos al límite en un montón de cosas y los que tuvimos suerte quedamos de este lado y los que no del otro.”

A nivel global, los Ramones serían la gran sensación del punk rock hasta los ‘90 cuando estallara finalmente la segunda oleada, esta vez de grupos más “comerciales”, por llamarlos de alguna manera. En ese entonces pocos les disputaban el terreno como banda fundamental del surf punk en el mundo, especialmente en Sudamérica y Europa. “Hasta que llegaron Ramones nadie conocía nada. Incluso todavía había gente que no sabía qué eran los Clash, me acuerdo porque nosotros hacíamos un cover de ellos y la gente en general no lo sabía. The Clash fue una banda que no tuvo entrada acá, en cambio vos ibas a Brasil y era todo distinto. Era, en aquel entonces, muy rara la escena argentina, sobre todo acá en Rosario”, opina el front man de Argies quien apunta a Maxi Bueno (Productor de shows, manager y fundador de la publicación Pinhead Zine) y a las bandas Bulldog e Intense Mosh como algunos de los que “levantaron mucho la escena en Rosario”. Según David, “recién a partir del ‘91 en adelante empezaron a existir los punks en Rosario. El público punk apareció por primera vez en los ‘90. Antes no había nada”.

Otros grupos de este período: Kalibre 38, UNDM (Unos negros de mierda), banda fundamental que siguió tocando hasta el 2000, soporte en el primer recital de 2 Minutos en Rosario.

 

Los 90 y la explosión de bandas

Con la aparición de Bulldog en 1991 (Si bien es ésta la fecha oficial del lanzamiento del primer disco “Cementerio Punk”, su formación data de un tiempo anterior a ese año) cerraría el  ciclo de bandas iniciales. Durante los primeros años de la década, un buen número de nuevos grupos saltaron a la luz y enseguida comenzó a hablarse en términos de “escena”, aún cuando la base para ésta no estuviera ciertamente dada. Distintos fueron los factores que motivaron la proliferación de nuevos proyectos y muchos los que “salieron a tocar”. Primero, hay que nombrar entre las razones a la coyuntura nacional-internacional, ya hablamos de Los Ramones con su reinado inquebrantable y la consiguiente aparición de grupos de alta exposición como Green Day, Offpring y NOFX. En el plano nacional, Attaque 77 edita “El cielo puede esperar” en 1990 y se convierte la sensación del momento con “Hacelo por mí”; el resto es historia conocida.
En segundo lugar, el fenómeno social y cultural que constituyó el espacio del Galpón Okupa a fines de los ‘90 resultó sin dudas un pilar invaluable en pos del desarrollo del género en la ciudad. Toda la gente que allí vivía tenía una relación con la música y es probable que la idea de anarquía del punk y su mensaje de rebeldía fuese el que mejor encajara con la “ideología okupa”. Un tercer punto a destacar y que influyó definitivamente en la creación de tantos nuevos grupos, es el auge del fanzine como medio de intercambio de información e interrelación entre pares. Las ferias de la Plaza Pringles y el Parque España fueron verdaderos puntos de encuentro en los cuales podían conseguirse ejemplares, cassettes, remeras, etc. Muchos fanzines, muchos de los cuales no eran sino formas de expresión de aquellos mismos que, en ese entonces, formaban su primera banda. “Bolsa de mugre”, de Juan de Zona 84, “Made in Rosario”, de Eloy de Difficult Faces y Z84, “Fat Zine”, hecha por miembros de Asphix, “Antisocial” de Pablo Agüero de Resaka y el mejor y más recordado de todos: “Pinhead Zine”, de Maxi Bueno (Ver recuadro).
“Nosotros ensayábamos abajo del viaducto Avellaneda, un viejo nos había conseguido la llave del teatrito y estábamos siempre ahí”, cuenta Guillermo (guitarrista) acerca del nacimiento de Zona 84 en 1992, cuando sus miembros no tenían más de 15 o 17 años. “Nuestro contacto fue primero con el punk inglés y después conocimos Ramones y nos enamoramos definitivamente”, explica a la hora de rastrear influencias, discos y hasta razones del por qué de la inclinación por el punk rock. Guillermo es hermano de Juan, uno la guitarra, el otro el cantante de la misma banda, juntos patearon en un tiempo en el que “no había nada de nada”. Para conseguir discos sólo quedaba llegarse hasta el centro, y buscar la vieja disquería “Sin City” (Galería Independencia) o “Black & Blue” (Rioja esq. Mitre) pero después de eso era difícil hallar sitios similares. “Siempre nos reímos, pero no había ropa punk, por ejemplo. Íbamos a la feria de rezagos militares y comprábamos camperas, borceguíes, pantalones y esas cosas”.
Zona 84 compartía fechas con grupos como Asko y Pena y Toxic, pero es una de las pocas de aquel momento que continúa pisando escenarios. “Asko y Pena la formamos entre amigos de la esquina y de la vida, en barrio Las Delicias”, dice Lalo, cantante de la banda que arrancó en 1993 siendo una de las principales de la movida y que quizás sea hoy una de las más  recordadas. “AyP dejó de tocar en el ‘98 pero hasta el día de hoy me cruzo con gente que conozco y que me saluda por el tema de la banda. Eso esta copado aunque yo no sé ya ni quien me saluda” (SIC).
G.S. (Sebastián Petrich), actual guitarra de All The Hats, participó de varios grupos, entre otros School Bus, formados a finales de la década, al igual que la mayoría de los consultados recuerda los primeros recitales con mucha intensidad. “Me llega el compilado de HC/punk ‘Mentes abiertas: La verdadera Invasión’ (editado en 1991, contenía los cortes “Arrebato” y “Ya no sos igual” de la banda de Valentín Alsina) y escuchar 2 minutos en ese momento fue fuertísimo. Al poco tiempo llegan a Rosario a tocar en el ACJ (Asociación Cristiana de Jóvenes, ubicado en Entre Ríos al 300) con sólo ese par de temas de difusión”. Ya en aquellos años, eran muchas las bandas que hacían escala en la ciudad, lo que hacía posible ver a los hoy referentes tocando en vivo. “Íbamos con amigos, chicos que después formaron bandas como Kontrol Antidoping, Epidemia. Estaban los Toxic, José Miguel de Intense Mosh, todos”, rememora G.S. de aquellos recitales.
“Lo que no tenía el punk y si el hardcore era esa idea de la escena, donde todas las bandas se ayudan y a la que hay que apoyar. Es algo básico del hardcore. Pero eso en el punk nunca pasó mucho”, explica Pablo Agüero, quien tocaba en Resaka y actualmente trabaja como productor de shows. A diferencia de lo que ocurría en Buenos Aires, donde había fuertes “tribus”, tanto de punk como de hardcore, en Rosario era común ver a bandas de distinto “palo” compartiendo escenario, lo cual se traducía también en el público.
“Para mí ver a Fun People fue una de las cosas que me marcó, que los tipos caigan con feria de discos a vender su propio material”, arranca con lo suyo Mauro, cantante de Asphix, agrupación que data de 1994 y que llegó a tocar más de 100 veces en un año. Una de los primeros combos de punk melódico de Rosario y que en su momento armó un verdadero revuelo en la escena rockera local. “Asphix marca un poco un quiebre en lo que es el punk en Rosario porque empieza a instalar más el punk californiano, algo que acá no se hacía. Y eso señala un punto en donde el punk pasa a ser también consumido por chicas. Cantando en inglés, con letras que hablan del amor, más livianas, sumándole vientos…los locos cambian”, opina Edgardo Pérez Castillo, actual periodista de Rosario 12, consultado con motivo del informe, quien además supo llevar adelante “El Fanzine”, envío radial que daba cuenta de la movida under de la ciudad. El punk más crudo siguió manteniendo su lugar, marginal como siempre lo fue, pero en el género se abrió una nueva perspectiva de desarrollo con la explotación del sonido proveniente de la costa oeste de Estados Unidos. Aquí, Asphix hizo punta y diferencia.

Otros grupos de este período: Payasos Tristes (hacían un punk rock callejero, compartiendo muchos recitales con Descontento Juvenil – Street OI! Music. Editaron un disco demoledor), Dokumentos por favor (banda histórica que continúa hasta la fecha, liderada por Walter Cortez), Komplejo Vitamíniko, Resaka, Animal Dead, Locked, No Pibe, Cont. Neto, Merkado Nocturno, Invasión.

 

Los hitos

En el 1994 los Ramones aterrizaron en el estadio cubierto Newell’s Old Boys. Un show sin precedentes, que marcó un verdadero antes y después en la movida local. De mediana convocatoria, la visita habla de una época en la que era posible ver más seguido a los artistas internacionales pisando suelo argentino, claro, por obra y gracia de la bendita convertibilidad.

En mayo de 1997 tocaron en Rosario, y con escasas dos semanas de diferencia, Siniestro Total, el mítico grupo de punk rock gallego, formado en 1981, primero y Die Toten Hosen, después, quizás la banda alemana más importante del mundo, ambos en Morrison (viejo local ubicado en la zona del Bajo rosarino). En agosto del 2000, llegó también M.C.D. (Me cago en Dios) al teatro Caras y Caretas (Corrientes casi Zeballos), fieles exponentes del rock radical vasco de grupos como La Polla Records y Kortaku. Los punks de Bilbao tocaron con Zona 84, banda con la que hicieron una muy buena relación, Muerte Lenta y Argies (que tocó además en la visita de Die Toten Hosen).

Para llegar al último gran hito tenemos que corrernos hasta el 2007, con la llegada de Buzzcocks a Rosario, y al Galpón 11 (C.E.C.) más precisamente. El cierre fue a puro hit, coros y por suerte el buen sonido acompañó al grupo despidiéndose con tres joyas: ‘Armony in my head’, ‘Ever fallen in love’ y ‘Orgasm addict’. La gente abandonó el Galpón 11 con la satisfacción de haber visto una banda que escribió con mayúsculas su nombre en la historia del rock y la ilusión por volver a presenciar un show de esta magnitud en la ciudad”, escribió Facundo Lencinas en un extracto de su crónica para RosarioRock.com sobre el show que los oriundos de Manchester dieron ante casi 400 personas. Inolvidable.

 

Puños en alto

Del 2000 a esta parte, previa recesión, estallido social y demás cambios acontecidos en nuestra historia actual, siguió –y continúa- apareciendo gente con ganas de subirse a un escenario y que, amén los preceptos del género, intenta cambiar algo. Como bien se describe al comienzo, no es la idea ensayar una conclusión acertada sobre qué es el punk rock pero tal vez resulte más apropiado plantear otro tipo de acercamiento. ¿Qué nos dejaron tantos discos y tanta furia expresada en acordes de quintas y visos de “revolución”? Mucho, por cierto. Y al cabo de realizados los encuentros-charlas con los protagonistas y hecho un breve repaso por los principales momentos de la movida en Rosario, es posible encontrar respuesta. Sin dudas, la gran herencia que, por lejos, dejó el punk rock es la filosofía del “Hazlo tú mismo” (Do it yourself), de saber que no hay que esperar las oportunidades sino originarlas.
Entre todos aquellos que de alguna manera u otra continúan ligados al estilo, en tal o cual actividad relacionada, existe un surco, un recorrido que los une indefectiblemente y que no es otro que el antes mencionado “Hazlo tú mismo”. Salir adelante por propios medios, trabajar en proyectos alternativos a los tradicionales, diferenciarse y por sobre todas las cosas hacer lo que uno siente es de lo que se trata. Cada uno desde su lugar, eligió ese camino, el que transitan con mayor o menor compromiso pero como si fuera aquél el único modo que conocen de hacer las cosas. Y está muy bien que así sea. Al margen de las obligaciones que impone el paso del tiempo, todos apuestan a lo mismo, ya sea llevando adelante una banda, una revista o fanzine especializado, una productora independiente o simplemente yendo a recitales. Ese espíritu es lo que ha prevalecido muchos años después y la razón que nos dice que no en vano es el esfuerzo si hay pasión por lo que se hace.

Agradecimientos especiales a todos los que participaron del informe: Guillermo Rodriguez Botta, Sebastián Petrich, Pablo Agüero, Edgardo Pérez Castillo, Maxi Busti, Mauro Messana, David Balbina, Diego Casanova, Lalo (AyP), Maxi Bueno y Pablo Ottaviano.

 

Un lugar para juntarnos – Recuadro I

Música y movidas hay en todas partes, más allá incluso de los lugares o reductos tradicionales que todos conocemos. El punk rock fue siempre un género marginal que encontró refugio en sitios pocos convencionales, muchos de los cuales se han ido perdiendo con el tiempo como consecuencia lógica del paso del mismo. Sin embargo, hay quienes se resisten a perder cosas de este tipo y emprenden cuestiones alternativas. Buscando quizás una suerte de puente entre la vieja escuela de recitales en casas prestadas, terrazas, o en cualquier lugar imaginable -dado el amateurismo de los comienzos- con la actualidad, encontramos un link de historias similares. El afiche-fotocopia invita a una tarde de punk en zona oeste: “Pasaje Ramírez, entre Solís y Cuba (a dos cuadras del Village)”. Una vivienda humilde, de puertas abiertas al frente, recibe a un puñado de pibes de la zona que patean juntos por ocasión o costumbre. Tal vez porque no les queda otra, o porque no conocen otra forma de hacerlo, los de hoy adoptaron las formas de los de ayer. En fin, un recital punk de estas características es algo infrecuente, que escapa al imaginario actual, pero que de tanto en tanto aparece. No hay coincidencia absoluta, pero ese sábado a la tarde de diciembre, puede parecerse en algo a las tardes en las que “estaba todo por hacerse”.

 

 

OI! en Rosario – Recuadro II

Durante los años 80 la movida punk se disputaba el espacio en las calles porteñas entre agrupaciones nazis y antifascistas. Por un lado existían los skinheads y por el otro, los skins sharp, rush, red skins o straight edge. Corrientes completamente opuestas (algo así como punks de derecha y punks de izquierda, para que se entienda) de las que poco más se sabe. En Rosario, no es posible encontrar experiencias similares. Sólo contadas excepciones las cuales se emparientan más por el sonido característico y en nada con lo ideológico. Descontento Juvenil, formada en 1995, es la primer banda OI! Music de la ciudad, estilo que emerge del punk y que representa a la clase trabajadora y que muchas veces se ha visto relacionado con un sesgo nacionalista. “Empecé a juntarme con gente a la que le gustaba esa música y con un amigo, Paco, pudimos viajar a Europa donde vimos a las bandas referentes del género como Cock Sparret, Bussiness”, cuenta Pachorra (Pablo Ottaviano), miembro de DJ. El grupo incluyó en su repertorio un tema que hablaba de la desinformación que pesa sobre la cultura skin, mal interpretada como un movimiento fascista, y que en su letra decía: “ser skinhead no es racismo”. “Así sin quererlo nos empezamos a volcar a ser una banda OI! Music y mostrar otra cara de lo que era la movida. Por ejemplo hicimos calcos que decían: ‘OI! Music, no es racismo’, como una forma de tratar de mostrar otra cosa”, explica. Si bien el sonido de punk rock básico, callejero y la actitud sobre un escenario, era lo que pregonaba la banda, la confusión y el mal trato del discurso era un camino inevitable. “Con el tiempo nos dimos cuenta que también el Oi! estaba muy bastardeado, con mucha política de por medio y eso nunca nos gustó. Nos gustaba desde el lugar de lo simple, de una movida callejera”, son las palabras de Pachorra, quien además sabe encontrar allí algunas de las razones que llevaron al final de la banda.

 

Pinhead Zine fue el fanzine más importante de la movida, mencionado por todos los consultados, sin excepción, como un verdadero ícono de aquel entonces. Maximiliano Bueno arrancó a publicarlo a mediados de 1990, con sólo 13 años y en tiempos en los llevarlo adelante no era más que un hobby. “Surgió como una inquietud y una necesidad de empezar a hacer algo con las bandas que nos gustaban y para que con eso se generaran otras propuestas”. Por correspondencia, fax, teléfono o acercándose a alguna sala de ensayo, era el modo de trabajo, cuando no había acceso a Internet, chat y mucho menos a una cuenta de correo electrónico. “A partir del 91 comencé a viajar constantemente a Buenos Aires a entrevistar a cuanta banda de punk y hardcore y de música extrema en general llegaba del exterior”, explica acerca de sus primeros pasos. Así fue que “Maxi” llegó charlar con los Ramones, Bad Religion, Biohazard, Sepultura, Anthrax, Kreator, Exploited, Testament, Toy Dolls, GBH, Obituary, entre tantas otras.
Es uno de los tipos más conocidos de todo el mundillo “under” en Rosario, y hoy sigue ligado al rock con su propia productora independiente, Pinhead Records, la misma que lleva su nombre en honor al viejo tema los Ramones, nada menos y que también utilizara para llamar a su zine.
“El 1er. show oficial presentado por Pinhead, fue en diciembre del 92 en El Centro Ferroviario de Salta y Cafferata, en donde ahora funciona una bailanta. En ese recital tocaron Intense mosh y Anorexia de Rosario y además, vinieron de Buenos Aires las principales tres bandas hardcore de Argentina, E.D.O , B.O.D, y Diferentes Actitudes Juveniles (DAJ)”, cuenta Maxi sobre su primera experiencia organizando recitales, actividad que hoy lleva adelante.

Con el correr del tiempo, pasó de ser  fanático de las bandas a trabajar con los grupos que admiró desde chico y así participó en giras con Agnostic Front y llegó a editar discos de Marky y Dee Dee Ramone, Ratos De Porao y Suicidal Tendencies, entre otros. “Este trabajo me dejó muchas cosas como tener relación tanto de amistad y de laburo con bandas y gente como Ricardo Iorio de V8, o Pil de Violadores o los mismos Attaque 77, toda gente que uno las veía como super lejanas y hoy son todos colegas de esta profesión”.