Personajes que rockean
Erre! presenta: Julián Bricco - Briccollage
.doc: Ariel Echecury
.jpg: Gustavo Villordo

Julián Bricco es un buen tipo. Es más, si hacemos un repaso por los nombres que poblaron esta sección (el “Yanky”, Diego Capusotto y Eduardo de la Puente), nos encontraríamos con poco menos que una colección de buenos tipos. Una de las voces del fútbol de los domingos y de los sábados (ahora conduce “El Nacional” con el “Ruso” Ramenzoni), relata desde hace años para Torneos y Competencias (TyC Sports). Sin embargo nunca dejó trabajar acá en Rosario, donde actualmente hace televisión, radio y hasta dedica algo de tiempo a la tarea de enseñar. La radio fue el espacio que le permitió juntar dos de sus más evidentes pasiones: el fútbol y la música, y así por sus programas pasaron varias bandas de la ciudad que, en su momento, aceptaron con ganas la invitación de Bricco y Mazzotti (coequiper y otro laburante del fútbol local) para grabar acústicos en la vieja FM La Red Rosario.
Julián habla como relata, sin pausa. Lleva el ritmo de la conversación como si se tratase de un wing derecho de 25 años corriendo detrás de una pelota. Literalmente no para, aunque tampoco cuesta seguirle el ritmo porque sabe cómo motivar a quien está del otro lado, y las anécdotas caen como gritos de gol. “Una vez vino Pappo a un programa que tenía en Continental y la verdad que ese día me reí mucho. El Carpo llegó con un pedo fantástico. Ni bien entró por la puerta de la Fisherton, por calle Paraguay, ya se sentía el olor a vino. Se puso en la computadora y estuvo dos horas sentado ahí. El tipo se sintió cómodo con Marcelo Tapia, mi compañero, quien lo entrevistó, que no preguntó pelotudeces como una locutora de FM. Preguntó sobre música, cosas importantes y Pappo se quedó el par de horas que duró el programa con nosotros, borracho mal, y la pasamos bárbaro. Me pareció un tipo simplemente sensacional.”
Mientras habla, Bricco abre y cierra paréntesis como ventanas de Windows, explica y casi todo el tiempo recuerda primeros discos, bandas, recitales y amigos. Su lista personal arranca con Queen, Kiss, The Police y Genesis, en ese orden, un puñado de grupo que armó el soundtrack de su juventud y de tantos otros. “Me acuerdo que hacíamos los bailes y teníamos un mezclador y una doble casetera, que era de mi amigo Guillermo Lazzarini, y así armábamos los asaltos; las pibas llevaban la comida y nosotros algo para tomar y un grabador con música. Pasábamos horas y horas entrenando para ver cómo enganchar los temas. Obviamente no había computadora ni nada. Aparte nos cagábamos de la risa, porque empezabas tipo 5, 6 de la tarde con una lista de temas y todos casetes apilados.”
Lejos de los prejuicios y gustos musicales, el hombre escuchaba de todo y así entiende que debe hacerse: “Me rompe las pelotas eso de yo escucho Soda y no a Los Redondos”. Las eternas divisiones, retrógradas siempre, que marcan lo que cada quien tiene o no que escuchar según la pertenencia a tal o cual “tribu”, es a lo que se refiere Julián, que no puede dejar de llevar el pleito al campo del fútbol y su ejemplo más claro: bilardismo-menottismo.
También el tema se pude bajar a Rosario y circunscribirlo al panorama de bandas locales, en otros tiempos identificadas con colores auriazules o rojinegros, una simpatía que hoy parece estar mal vista. “Los músicos se están cuidando demasiado de hablar por la violencia. No quieren hablar del tema fútbol y a mí eso me parece una boludez, no te podés autocensurar y no decir –si es que lo querés– que sos de Ñuls o de Central. ¿Cuál es el problema? De última, si el tipo quiere expresarse que lo haga. Hay que mezclar bien. Yo no voy a escuchar una banda por su camiseta, la escucho porque me gusta y me importa tres carajos de qué cuadro son.”
Como alguien que bien conoce del paño, Julián sabe de la idiosincrasia del futbolero rosarino y va más allá: “Esa cosa de pensar que si una banda es de Ñuls, los de Central no los van a ir a ver y al revés, ésa es una enorme incapacidad mental del hincha rosarino, son todos una manga de pelotudos”, se indigna. Está claro que la pasión es condición sine qua non inseparable de su labor de todos los días, por lo que es imposible no involucrarse con todo aquello que lo rodea.
El Amnesty International en River, con Sting, Bruce Springteen y Tracy Chapman sobre el escenario, y los Stones con Bob Dylan, son de seguro los shows que más le significan. Sin embargo, con el paso del tiempo, y por el tema del laburo de los fines de semana, dejó de ir a recitales y la nostalgia es cada vez más grande. “El sábado 1º de diciembre fue mi cumpleaños. Yo estaba en el estudio y había terminado de relatar Defensa y Justicia y Chacarita en Florencio Varela, a punto de grabar el programa con el “Ruso”. En eso, Gonzalo Lazzarini, un gran amigo (hermano de Guillermo), me llama para saludarme por el cumpleaños y me corta. Al rato me suena el celular, atiendo y escucho “So lonely” de The Police. Estaba en el recital y me dice: ‘Tomá, te regalo para vos, ¿te acordás cuando escuchábamos esto?’. Me dejó todo el tema en el celular y me puse a llorar como un pelotudo.”
De aquel que se dormía con “Roxanne” sonando en el Philco de doble casetera plateada, en casa de los Lazzarini, a éste grande que hace jueguitos con la pelota para la producción de Erre!, sigue habiendo mucho en común.
Lo apuran, son los últimos días de año. Afuera el mismo infierno que acompaña a los rosarinos por espacio de tres, cuatro meses, y todavía Julián está a full cerrando algunos trabajos en Cablehogar. Antes de irse, casi sin tiempo, deja una última: “Y te puedo asegurar que ese primer casete de The Police todavía anda, pero en esa sola casetera”.